Biografía
Lucia Aliberti, la última prima donna
Cuando oí cantar por primera vez a Lucia Aliberti, a principios de los años ochenta, en inicio de su en muchos sentidos extraordinaria carrera, recordé las palabras que Ingeborg Bachmann había dedicado unos años antes a María Callas: Es verdadera artista, un ser que “con pleno derecho sale a las tablas para hacer sufrir y temblar al publico a sus pies”. Yo mismo no pude imaginar que un día habré experimentado de persona esta indescriptible sensación de encanto. Apenas Lucia Aliberti aparece en la escena, no pertenece más a este mundo y aún menos a nuestro tiempo. Lucia Aliberti es un hada que viene a nuestro mundo de otra época, cuando la opera todavía determinaba la vida espiritual de la persona, purificándola. Esta artista es una mezcla única en su género, hecha de una fragilidad inaccesible y de la voluntad creativa de hierro, medio diva, medio obra de arte, hecha de la leve gracia, de la tragicidad heroica, de la profundidad devoradora y del brillante virtuosismo. Ella es realmente la última verdadera prima donna del bel canto.
Veinte años después del impetuoso inicio de su carrera que le ha permitido conquistar en breve tiempo todas las escenas del mundo, Lucia Aliberti ha mantenido mágicamente su espíritu joven y radiante, con semejanza a los mensajeros de dioses ha sido protegida del transcurso de los años. Gracias a la disciplina severa, inteligencia penetrante y gran humildad ha sabido hacer llegar hasta nuestro espantoso y ruidoso siglo XXI su puro arte y su estimación por el bel canto. Sus dulces y mágicos sonidos llegan hasta nosotros como los mensajes de alma, provenidos de los tiempos pasados, nos apaciguan como las ondas caldas con sus propiedades purificantes, calmando nuestra rigidez. Es la antigua fuerza de la música que ilumina todo, la corriente inmortal de las almas de Bellini, Donizetti, Rossini y Verdi que nos alcanza a través de este médium.
Como ciudadana universal del mundo lírico internacional, Lucia Aliberti es la viva prueba de que las fuerzas mágicas de la voz no son sólo un don gratuito de las potencias celestes, pero que la ligereza en el arte del canto, aquella aura tan difícil de lograr, se basa en una severa disciplina que permite alcanzar una técnica perfecta. Solamente aquellos que dominan perfectamente su arte, conociendo a fondo los misterios y leyes del canto honrado y de la conducta de la voz, pueden hacer invisible la técnica. Es así para todos los músicos y todos los artes. Además solo aquellos que pueden resistir las tentaciones del mundo operístico moderno gracias a la disciplina, pueden proteger su voz y conservarla por mucho tiempo.
Aliberti ha podido mantener la misma forma durante muchos años. Cuando ella aparece en la escena, fascina al público con el encanto, mucho antes de emitir el sonido, lo fascina con su concentración, con su voluntad artística, con sus nobles maneras. No le interesan sólo bellos sonidos, la virtuosidad deslumbrante y mucho menos los record, lo que sí que le interesa es la verídica creación del personaje con toda su complejidad, la representación de los sentimientos, de los destinos humanos. Le interesan fugaces momentos de la eternidad en los esquemas severos del canto, que en ella se transforman en una lírica mirada interior y en una pasión ardiente. Lucia Aliberti como pocas cantantes de su clase consigue en un momento trasmitirnos toda la tragedia del personaje precisamente en el momento de su emocionante destino humano, porque para ella cada tono tiene un significado, cada tono por muy breve que sea está bien pensado. Esta cantante no conoce, no soporta prestaciones del género deportivo, virtuoso por sí mismo, no aguanta elogios de prima donna. Ella conquista al espectador con su conmovedora tragicidad, con su amena e infinita fuerza lírica, con su ligera elegancia y su agilitad.
Hoy día la ópera no es más la esfera sacra pero cualquier sonido de Aliberti recrea esta santidad. Con invariable sentimiento de forma y una suprema seguridad de estilo nos lleva a las raíces originales del bel canto. Porque la opera in fondo no significa nada más que el nacimiento del teatro del espíritu de la música, la creación de un ser humano a través de los sonidos. En las operas de Donizetti y Bellini el suspiro del puro corazón (femenino) está en el centro de la atención, se hace el sismógrafo directo del alma, inflamado canto orfeónico que combate con la muerte. El bel canto es la forma más hermosa, más utópica de la divinidad del hombre por su capacidad de superar la muerte con la fuerza de los sentimientos humanos. Precisamente por eso en la opera del siglo XVIII, siglo tenebroso y guerrero, patriarcal en sus principios, las figuras femeninas estaban en el centro de la acción musical porque en sus destinos operísticos se concentraba el sufrimiento de toda la época.
Esta vez Lucia Aliberti ha dado al mundo además de las piezas más famosas del repertorio lírico, como la “emancipada” cavatina de Rosina (del Barbiere de Rossini) o el desesperado sufrimiento de Leonora di Vargas, unas joyas desconocidas: estupendos instantes de la historia del destino femenino. Escuchamos por ejemplo desconocido trágico fragmento de la perversa Lucrecia Borgia que con ciegos celos envenena a su propio hijo, o el canto inconsolable de la reina de Escocia prisionera María Stuard, o la ira imponente de Luisa Millar, víctima de un chantaje cruel.
Incluso a los serenos retratos como la lista Rosina o la jovial campesina Linda (de Chamounix) se mezcla el presagio de inevitable tragedia. Aliberti abre un inmenso abanico de caracteres con los matices más finos del misterioso mundo femenil. En Ave María de Pietro Mascagni la cantante Lucia Aliberti revela su talento al interpretar el famoso fragmento popular en su versión original, y también su talento de compositora en El Rayo de Amor. En opereta nos viene hasta una lágrima sentimental, nostálgica, en magnifica aria de Camilla de la Viuda Alegre de Léhar que Lucia Aliberti canta en versión original italiana. Esta artista nos sorprende siempre con su amplio talento que no se limita sólo con el canto. Y para terminar: la belleza, la profundidad humana, las llamadas mágicas del bel canto no pueden permanecer en la vida sólo con la búsqueda musical ni con las grabaciones de la ópera con los métodos modernos. Solamente los seres encantadores como Lucia Aliberti pueden encender y mantener vivos esos momentos mágicos de la eternidad. Escucharemos con recogimiento a esta rara ave canora del paraíso fino cuando nos hará participar en sus celestes y al mismo tiempo humanos mensajes.
De Attila Csampai
RCA/BMG Classics
Presentación de CD ‘Viva! Bel canto’
"Queen of Belcanto "
Die Welt, March 2009
